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Recuerdo de encarnaciones pasadasTan pronto como la gente conocer algo sobre los principios de reencarnación, desea configurar sus propios anales karmicos del pasado en su mente actual. No debemos suponer que esta aspiración se inspire en mera curiosidad malsana o que sea tonta vanidad, si bien es cierto que puede contener en proporción variable ambos elementos. Es muy útil tener idea de una vida anterior, mas para que el conocimiento rinda amplios beneficios acordes con su pleno valor, es menester que sea de primera mano. En otras palabras, la verdadera recordación de encarnaciones pasadas es una experiencia bien diferente de la lectura que podría hacernos un clarividente, por muy exacto que este fuera. Sin embargo, no deja de ser útil verificar esto con un verdadero clarividente, pero el más ínfimo fragmento que podamos recordar por nuestra cuenta resulta de muchísimo mayor valor que la mas prolija y completa descripción efectuada en el éter reflector por otra persona. El aguijón de la muerte desaparece desde el momento en que vislumbramos algún recuerdo autentico de nuestro pasado, puesto que por nuestra propia experiencia comprobamos la inmortalidad del alma y su independencia de la existencia corporal. Bien vale la pena esperar con paciencia hasta que nuestras propias manos puedan descorrer el velo, en vez de recurrir a la clarividencia ajena que anula nuestro descubrimiento. Para develar el pasado con certeza y tener la seguridad de no sufrir una ilusión es necesario comprender los principios básicos de la doctrina de la reencarnación.
El ocultista reconoce dos principios en el hombre: el Yo superior y el yo inferior. El Yo superior es un todo unificado que se forma en torno de la Chispa Divina, la cual constituye el núcleo de toda manifestación humana. El yo inferior no es un todo unificado sino una serie siempre cambiante de manifestaciones parciales del Yo Superior que se proyecta en el plano de la forma y se reviste con materia. Al Yo superior se lo denomina individualidad y al yo inferior Personalidad. Al final de cada reencarnación se desintegra el aspecto-forma de la persona y como polvo que era, retorna al polvo y conforme a sus planos, porque la vida animada que los mantuvo en cohesión ha desaparecido. La lectura de los anales akashicos corresponde a los adivinos cuando describen el pasado del que los consulta y es por cierto muy diferente de lo que hacemos por nuestra cuenta cuando recordamos nuestras encarnaciones y cumplimos un proceso que para nosotros es de inestimable valor. Es muy posible que sean esos reflejos akashicos los que dramatiza la mente subconsciente del médium y no un verdadero retorno de la muerte “in propia persona” cuando tienen lugar esas comunicaciones con el que “ya partio” Por lo expuesto se advierte que la etapa formal de cada encarnación se disuelve y concluye después de cada vida, pero su esencia primordial, el fruto maduro de la experiencia lo absorbe el yo superior que lo acrece y hace evolucionar. Bien podrá decirse que el alma toma su alimento en la tierra, y luego, en la serenidad del cielo, junto a sus tranquilas aguas, lo asimila. Por consiguiente, lo único que persiste, encarnación tras encarnación, es el principio espiritual, la esencia ética, extractada de la suma total de experiencias de cada vida terrena: la vida en su misma, y sus recuerdos es descartada, después de haber sido como succionada por el alma: que requiere solo de ella para nutrirse su esencia espiritual. Como hemos explicado con anterioridad, en el Akasha se hallan los anales de todo lo sucedido en la esfera terrestre. Si, como en el teatro, disponemos de un apuntador, cualquier memoria particular puede obtenerse del aspecto de subconsciencia que corresponde al Akasha. Se sobreentiende que tenemos un eslabón natural para cada acontecimiento ocurrido en una encarnación anterior, sin embargo, no podemos localizarlo en el plano de la forma, esto es, en la mente concreta, para pensarlo concretamente, porque en los planos de la forma no existe un concatenamiento directo entre una encarnación y otra, pero en cambio podemos hacerlo por vía del Yo superior, si logramos la capacidad de pensar de manera altamente sutil aunque sea por un brevísimo instante. Para lograr esto debemos considerar nuestra vida presente como un todo y ver si podemos discernir en ella algún problema persistente, si así ocurre quizá se deba a causas karmitas y por consiguiente buscaremos sus raíces en una vida anterior, usaremos el problema como hilo conductor que nos permita atravesar el golfo fijado en la continuidad de conciencia por cada experiencia de muerte que hayamos pasado.
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